Viajar a Córdoba

Viajar a Córdoba

El viernes pasado, tuvimos la ocasión de irnos de paseo con la familia Entrelenguas, a una de las ciudades de Andalucía que más cultura tiene: esta es mi artículo sobre viajar a Córdoba.

Tras unas dos horas de bus (durante las cuales aprendí a jugar al “veo veo”), llegamos, y ¡qué suerte! no llovía. Primero empezamos por un pequeño tour guiado de la parte histórica de la ciudad. La guía nos contó unas anécdotas, como por ejemplo el origen de la estatua que hay en la plaza en la entrada de la ciudad. Es la estatua del arcángel San Rafael. La leyenda cuenta que este arcángel salvó a la ciudad de la peste negra. En consecuencia, se pueden encontrar 16 estatuas de él en toda la ciudad, y a muchos hijos se les llama Rafael, y a las hijas Rafaela. Cada familia cordobesa suele tener al menos 5 Rafaeles en su familia. La tradición dice que cada 24 de octubre, hay que hacer una comida grande con toda la familia, y los que se llamen Rafael son los que deben pagar.

Paseamos por las callecitas alrededor de la mezquita, disfrutando de sus balcones florecidos y del suelo minuciosamente pavimentado con piedras. Los árabes las colocaban a mano, siguiendo formas geométricas, según su color y su forma, para impedir que el suelo tuviera barro. A mí me encanta la arquitectura árabe: desprende un sentimiento de tranquilidad y serenidad, con sus patios interiores, sus palmeras y sus fuentes. Mirando a mi alrededor, pensaba que era una lástima que hubiera llegado la modernidad, ya que me hubiera encantado ver cómo era todo antes, sin los coches o la señalización. Pero luego la guía mencionó lo de la peste, y recordé que estaba muy contenta de vivir en mi época, por cosas como la higiene y los derechos de la mujer.

También tuvimos la ocasión de tocar las babuchas del médico, rabino, filósofo y teólogo Maimonides, en el barrio judío, con la esperanza de adquirir un poco de su sabiduría.

Luego llegó la visita de la atracción principal, sin duda, de la ciudad: la Mezquita. La Mezquita encarna perfectamente la mezcla de culturas que coexistieron en Córdoba. Con sus numerosas ampliaciones, más o menos ricamente decoradas, nos revela mucho sobre los diferentes califas que se sucedieron en Andalucía y sus formas de gobernar (pues la última ampliación, por ejemplo, del regente Almanzor, es la más pobre ya que su a gobierno le faltaba dinero, porque él no entendía mucho de las estrategias políticas). Pero quizás lo más asombroso sea la iglesia cristiana que se esconde en su centro; una particularidad que la hace merecedora de formar parte del patrimonio mundial de la UNESCO.

Esta visita me recordó a una actuación que hice cuando estaba en el instituto. Estudiábamos la época árabe en España, y hablamos precisamente de la coexistencia entre las tres culturas en Córdoba: judía, árabe y cristiana. Y a mí me tocó el papel de Abderraman III. Así que me peiné con un turbante, y mi papá (que es carpintero), me hizo un sable de madera. Y con mi clase actuamos para la jornada de puertas abiertas. ¡Un buen recuerdo!

Bueno, y para acabar este artículo, te propongo algo para que se te haga la boca agua, hablándote de lo más importante: ¡la comida! Para almorzar (ya teníamos mucha hambre, después de la visita y de habernos levantado temprano para coger el autobús), compramos todos un trozo de tortilla, y una porción de salmorejo, la especialidad cordobesa, en un bar que se llama Santos. Luego nos sentamos al lado de la Mezquita para comer este manjar. ¡Te lo recomiendo, como te recomiendo también hacer tomarte el tiempo para viajar a Córdoba!

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