Ir de tapas | ¿Dónde comer?

La importancia que adquiere este acto social tiene su ejemplo más claro en el sur de España. Si preguntamos a alguno de los amantes de la comida que viven por estas latitudes: “hey, ¿dónde comer?” seguramente la respuesta sea la dirección de algún bar de tapas de la zona.

Antes de entrar en materia y para justificar el nombre de estos geniales snacks, haremos referencia a la palabra tapa, que significa en su primera acepción según la RAE (Real Academia de la Lengua Española):

1. f. Pieza que cierra por la parte superior cajas o recipientes.

 

El origen de esta costumbre tiene varias versiones, pero nosotros nos decantamos por la que nos habla como en la zona de Cádiz, uno de los lugares con más historia y tradición de nuestra Europa la vieja. Se le pedía al camarero un vaso de vino, y para tapar éste y que no entraran moscas o los granos de arena que levanta el tan conocido por esa zona viento de levante, un trozo de queso, un poco de jamón o salchichón.

Productos todos ellos muy tradicionales, que nos acompañan desde hace centenares de años y que destacan por una alta capacidad de conservación, además de por su increíble sabor, siendo por tanto un sistema inigualable para salvaguardar el vino y además un bocado exquisito para acompañar a éste. Contando con un sabor tan extraordinario, no es de extrañar que las bebidas con tapa se popularizaran pronto llegando hasta nuestros días y conquistando, como no podía ser de otra manera, otras fronteras.

La tradición “ir de tapas” hace referencia a un encuentro con familiares o amigos, una festividad cotidiana que nos aleja de los problemas o nos da el atril perfecto para ponerlos en otro plano. Se trata de un encuentro a veces planificado y muchas otras veces improvisado que es parte del ADN español y que gira entorno a la buena comida y a la buena bebida.

Si tenéis la opción de venir a España, a Andalucía y a Ronda y no sabes dónde comer, no lo dudes: ¡vete de tapas! Y si eres de aquí, ya sabes, no dejes pasar la oportunidad de salir y disfrutar con la buena gente que te rodea, consumir local y seguir participando de posiblemente una de las costumbres más idiosincráticas que nos caracteriza.

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